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Nada fácil llegar a la vejez, peor si nos pasa lo de Chavela Vargas, cuando canta En el Ultimo Trago, que nada nos enseñan los años y caemos en los mismos errores. Marco Catón en los diálogos sobre la vejez de Marco Tulio Cicerón contaba que “un tal Serifio increpó a Temístocles diciendo que había conseguido prestigio por su patria, no por sí mismo. Temístocles le respondió: “¡Por Hércules!, aunque yo fuera Serifio y tu Temístocles, tú jamás habrías llegado a ser ilustre” Ni siquiera el sabio puede afrontar la vejez de manera llevadera en medio de la más profunda indigencia, pero para el necio, aún en la suma abundancia, no deja de ser gravosa.” No puede ser más cierto y razonable este argumento sobre la necesidad de la riqueza, en la vejez para nuestro caso. Una de las abuelitas que conocí en esta visita me decía, en forma graciosa, que se encontraba asilada, ¿o no es este un asilo? expresaba ella. Quizás es por la idea que un asilo (humanitario, político, etc.) es temporal, aunque creo más en el símbolo que representa el lugar donde es recibido, sin reservas, sin juzgarlo; este su nuevo hogar. Muchas manos cuidan de estas abuelitas, hermanas religiosas, sacerdotes, ciudadanos en general, que con su tiempo o recursos, velan por que las cosas funcionen bien. Imaginen su casa, cuatro o cinco personas que visten, alimentan y entretienen diariamente; ahora multipliquen esto por cincuenta, más de doscientas personas a las cuales hay que cuidar. Por eso, el apoyo de todos es importante, una bolsa de pan, ropa o simplemente tiempo, es bien recibido. No hay ayuda grande o pequeña, siempre se recoge la misma sonrisa de agradecimiento.

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